“¡La realidad manda! ¡Es preciso adaptarse a ella!… Estas palabras son de arrepentido de una utopía. ¿Y quién nos garantiza que al pasarse a la realidad no hace el arrepentido sino cambiar de postura y de ronquido? ¿Quién nos asegura que su realidad sea cosa distinta de su domesticidad? Partidarios literarios de hechos, decadentes y tornasolados, pasaron y pasan la vida tomando café, escribiendo literatura demagógica de pie forzado y resolviéndolo todo con normas de un catecismo que huele que apesta, no a práctico, sino a prisa por mandar. Lo que sí resulta práctico para los que mandan o manden, es pura teoría y literatura para los que obedecen, estando además obligados los obedientes a pagar las costas”

Felipe Alaiz, “Los terribles salchicheros”.

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