‘Poder Freak’, la crónica de la contracultura y sus consecuencias

Para quienes aún no estéis al loro de ese work in progress, como dicen ahora, que se llama Poder Freak, la apasionante crónica de la contracultura escrita por Jaime Gonzalo y editada por Libros Crudos –que finalmente abarcará tres tomos, el segundo recién aparecido–, os recomendamos su lectura este verano. Aquí debajo os dejamos la entrevista que le hizo la periodista Blanca Durán a su paso por Granada esta primavera, y el enlace al audio de la charla con Eduardo Tebar y la gente amiga que acudió a la presentación en la librería.

“La gente está perdiendo la capacidad de gobernar su vida”

Periodista, escritor, crítico de rock y esencialmente agitador de mentes y conciencias adormecidas, Jaime Gonzalo participó en las actividades paralelas a la Feria del Libro que organizó la librería Bakakai con el aluvión de ideas que hay detrás de su Poder Freak (Libros Crudos 2012), la crónica de la contracultura que agitó al mundo en la segunda mitad del siglo XX y cuyos valores parecen estar hoy dormidos en una sociedad y un sistema movidos por los hilos del capitalismo.

-¿Cuál fue el germen de un movimiento como la contracultura?

-La contracultura es un enorme laboratorio del capitalismo donde aparece una nueva forma de consumo basada en una juventud escolarizada en la Universidad como nunca antes lo había estado y con poder adquisitivo para consumir su propia mercancía. En ese modelo de consumo entran entonces la política, el mercado de las ideologías y la creación de una izquierda joven, dinámica, atractiva y sexy. Es muy joven, muy inconsciente y muy inocente, ya que vive a lomos de una inercia que no sabe muy bien hacia dónde la llevará. Las manifestaciones culturales populares mayoritarias fluyen sin saber muy bien cómo van a acabar. Por desgracia, hemos visto cómo ha terminado todo… Si la contracultura ha sobrevivido ha sido como mercancía.

-¿Qué herencia tiene la sociedad de hoy de esa contracultura?

-Históricamente hablando es materia muerta, pero mercantilmente su fuerza es evidente y hay un resurgir de interés en torno a lo underground, la acracia, los progres… Ya no se fabrica nada de un interés intrínseco y el capitalismo vive de reciclarse a sí mismo. La fuerza actual de la contracultura es que sigue generando dinero.

-¿Movimientos como el 15M comparten alguna raíz con esa contracultura?

-La contracultura falló estrepitosamente, pero su gran grueso estaba formado por gente que vivía su juventud sin ningún tipo de ideología ni interés político concreto ni necesidad de cambiar nada. En España tenemos un retraso secular y los 40 años de Franco no se superan así como así… Creo que los dos fenómenos no tienen nada que ver más que en su componente lúdico de echarnos a la calle, la capacidad de recalentar algunos eslóganes y unas cuantas teorías. Creo que mucha gente del 15M, y ojalá me equivoque, no sabía muy bien a lo que iba. Lo que nos vende el poder y las vías democráticas que nos dejan seguir para oponernos es un mero simulacro. Estamos yendo para abajo y no veo un futuro halagüeño a corto plazo.

-Con este presente, parece que las utopías dejan de tener sentido…

-El problema de las utopías es que siempre se han enfocado sobre la base del progreso, y el progreso es lo que nos ha traído hacia donde estamos. Para mí progreso no significa necesariamente mejores coches, ni más rapidez de comunicación. Progreso significa más humanismo, más igualdad social, más vivir la vida como personas y no como elementos de un decorado y un juego social. Otra cosa es esa inanidad en la que vivimos, esa esperanza eterna…

-¿Políticos, bancos, empresas…? ¿Quiénes son realmente los culpables de esta situación?

-Los políticos que surgieron de la contracultura han tenido una actuación muy deprimente por llamarla de alguna manera; o igual creíamos que la izquierda se diferenciaba en algo de la derecha… Vivimos en un mundo unicelular políticamente hablando: capitalismo puro y duro. Y solo hay dos maneras de desbancarlo: o perjudicarlo económicamente porque no consumamos, que es algo que no va a suceder, o echarlo a la fuerza, que es tal y como él ejerce el poder.

-Pues todo indica que se han salido con la suya…

-Al menos sí que han conseguido que vivamos en una constante incertidumbre. Recuerdo una época en la que planeabas tu vida y, más o menos, iba siendo así. Ahora vivimos sin saber qué va a pasar mañana con tu vida. Vivimos en un oscurantismo tremendo, iluminado por las luces y oropeles de la ciencia, pero muy oscuros.

-Parece que se están dando las circunstancias adecuadas para un nuevo renacer del punk…

-Puede, aunque desde la distancia, hay que ver lo poquita cosa que fue el punk y de qué poco sirvió… Creo que más bien se utilizó para acabar con ciertos valores interesantes, y las nuevas generaciones nacieron con esos odios que ellos establecieron. Yo no veo que el punk haya amplificado el discurso mental de las personas, al contrario, creo que lo ha simplificado a niveles un poco preocupantes. Si surgiese algo tendría que ser un rebrote del anarquismo, pero es que tecnológicamente el control del ciudadano es tan voraz que es imposible escurrirte de eso.

-Ahora, por primera vez en mucho tiempo en este país, se está fortaleciendo un sentimiento republicano generalizado. ¿Hay alguna vía de que se materialice en algo real?

-La verdad es que nunca he visto que una petición popular acabe siendo una realidad, a no ser las propias peticiones que sugestiona el poder…

-¿Y en qué momento va a tener voz el pueblo?

-Es que, ¿cuándo la ha tenido? En la República no se hizo todo bien, también tuvo mucho malo y la izquierda se mostró inoperante, mezquina y muy nociva. Cada vez desconfío más de lo que queda de la izquierda.

-Y cuando un tiempo se presenta tan duro y cruel para el ciudadano, ¿hasta dónde bajan las expectativas?

-Ahora nos paraliza el miedo a perder lo poco que tenemos. La gente quiere no acabar en la calle y me parece demencial que un país como España tenga que pensar así. El pueblo ni puede ni va a cambiar nada, está anestesiado. La vida que llevamos no es humana, es falsa, artificial y proyectada, vivimos en una ilusión de la realidad. La única ideología posible hoy es la económica.

-¿Qué papel cumplen los medios de comunicación en todo esto?

-Son deplorables, pero es que no puede ser de otra manera si no hay ni un solo medio independiente y todos están controlados por grandes holdings económicos. En este tiempo han sido la comparsa, la ayuda, el hilo conductor de la opinión pública. La televisión y la prensa me parecen instrumentos terroríficos que toman a la gente por idiota. Antes nos engañaban al menos de una forma más elaborada, ahora ni se molestan en eso, porque la educación y el nivel de comprensión de las personas ha bajado.

-¿Y cómo se ha dejado notar toda esta situación en la música?

-Hoy damos demasiadas oportunidades a los grupos. Nunca ha habido tanto producto, es irracional. Debería existir un baremo de calidad porque hay mucha mediocridad y no ideas, o las que hay son simulacros de ideas que no son más que material preexistente recombinado y reciclado.

-¿Será que ya hemos escuchado todo y visto todo?

-Igual sí. Igual somos finitos y limitados. ¿Por qué no? ¿Por qué vamos a ser siempre brillantes? Se puede vivir asumiendo eso… Tenemos un inmenso erario que investigar que no se acabará nunca.

-¿Esta cantidad ingente de información que tenemos al alcance de una forma tan fácil no puede llegar a ser contraproducente?

-Ahí entra en juego la reflexión, el discernir lo que es una ideología pura de una fabricada o reconstruida. La persona no ha cambiado, los instintos son los mismos, lo que ha cambiado es la forma en la que nos mueven y manejan los hilos, porque vivimos una vida teledirigida, en una drogodependencia de lo que está por pasar. La gente cada vez tiene menos capacidad de gobernar su vida en las pequeñas cosas, no digo ya en las grandes…

-¿Y cuánto tiempo se puede sostener una situación así?

-Indefinidamente… Todo esto es nuevo y no sabemos hasta dónde puede llegar. Creo que nada sucede sin una razón de ser y estoy convencido de que esta situación interesa por algo a alguien. Hay muchísima gente que lo está pasando muy mal pero hay otra que se está enriqueciendo. Hoy en día, si no tienes una mentalidad voraz y materialista no tienes nada que hacer.

 

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